La palabra fin, un fin, algunos fines, todos los fines, terminar, terminando, terminando una flor que se apelmazó entre nosotros y se hizo más compacta. Aunque hubiésemos debido dirigir nuestra tensión hacia la palabra fin, la palabra en si misma nos sorprendió mas que el acto en el momento exacto en que estas ultimas paginas se poblaban de someros ajustes semánticos. La explosión del sueño ardió rápidamente en la garganta de almendra, y los ojos de Perotta miraron tímidamente la muralla destructora de la contratapa.
La contratapa era la parte posterior de todos los hechos, lo que delimitaba una tarde petulantemente eterna y caótica, todo lo previsible, lo probable, lo imposible, lo improbable y hasta lo inexistente era detenido por la contratapa, que cada vez se hacia mas grande enrojeciendo su color violeta. De pronto, supongo que Alberto pregunta ¿y si matamos la palabra fin?, ¿si nos gritamos, el camino es la meta para conformarnos un poco? Yo intento imitar un acorde, un sonido que pueda ser escrito y significado por intermedio de mi lenguaje. A mi, me acelera la idea de una palabra que pueda entonarse, cantarse como un salmo. Fin como un puñal. Si yo trasunto la melancolía de este monstruo de tres letras; lo magnifico. Si lo disimulo; miento. Ahora la soga estéril de la ética y un campo, un césped barroco, una luz disimulada al costado de cada uno de nosotros. Estamos provistos ,de balizas que señalan nuestra posiciones, alguien nos recogerá, escuchara nuestros ensordecedores silencios, mirara nuestros rostros a ciegas, dejara memoria para la historia. El que quiso ser marxista y no pudo, el que amo y no pudo, aquel que quiso ser su mejor amigo y fue enemigo, el que grito contra esta sociedad, el que la fotografió, aquellos que cantaron, los que dibujaron, los que hirvieron el plomo, los que amasaron las letras, los que masticaron el papel, aquellos que todos lo días se levantan y dicen que no a la vida, que nunca mas; y sin embargo siguen; que a la palabra fin, punto y aparte. Los que gestaron el gesto, los que gesticularon, nosotros que quisimos y pudimos, y querremos y no podremos mas enfrentados durante mucho tiempo contra la claridad de las tardes, contra la supuesta idiotez de los otros, contra la comprensible incomprensión de los otros. Vos sabes que esto se derrumba y eso es lo que hace soportable el futuro, vos sabes que todo es, todo se resquebraja y todo cae, que vas a mirar caer uno por uno a todos tus adorables ídolos. A los lideres del mundo, fin. A los que se mueren de hambre, fin. A los que tienen su dios en el cielo, fin. A los que mandan matar, fin. A los que procrean con dolor, fin. A los que le temen a la palabra locura, fin. A los que temen a la palabra delirio, fin. A los que temen a la alucinación, fin. A los que temen al temor, fin. A los que pretenden seducir, fin. A los que olvidaron la palabra amor, y la palabra tierra, y la palabra salto y la palabra esclavitud, y la palabra blanco y la palabra negro, y por fin de tanto olvidar olvidaron la palabra olvido, fin. A los que se disuelven lentamente, a los babosos, a los que nunca cantaron, a los que nunca odiaron porque no supieron amar, a los podridos de siempre, fin. Y a las monstruosas masacres que desarticulan el cuerpo antes de que quien lo posea lo desee, a los que asfixian los embriones que ellos mismos han creado en sus probetas, a los que nunca se rieron, fin. De algún modo comprobaremos el dulce transito del vino del estío, signado por nuestros rencores, impregnado del penetrante olor de nuestros amores decisivos, y cuando el cuerpo de amianto de la soledad se derrita por el insostenible calor del sol, cuando no haya quedado piedra sobre piedra, cuando todo sea tan calmo como el sueño de un suicida proyectado contra la pared del mundo, habremos dado muerte a la palabra fin, la habremos inmolado, la habremos estrellado contra la fruta eterna y luminosa del principio.
Carlos Marcucci.