Mostrando entradas con la etiqueta San Pedro de Atacama - Chile. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Pedro de Atacama - Chile. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de noviembre de 2014

de Purmamarca a San Pedro de Atacama

El miércoles 13 de agosto fue la última mañana que amanecimos en el campamento de Purmamarca, con el cerro de los siete colores dándonos el buen día. A esta altura del viaje, sólo quedábamos Fer, Emi y yo. Nos levantamos temprano, armamos las mochilas, desarmamos la carpa y nos fuimos a la ruta.
Los chicos iban a las Salinas y volvían a Purma para irse a la nochecita a Tilcara asique dejaron los bolsos en una despensa en el pueblo y yo, con todo mi equipaje a cuestas (vale decir que antes, con Ari, el peso estaba repartido. Esta vez todo lo llevaba yo) partí con destino: San Pedro de Atacama - Chile
Mientras hacíamos dedo, recolectamos piedras, tomamos mate, charlamos, nos abrazamos de despedida y nos comimos un amague de un auto que nos iba a llevar y se nos fue en nuestras caras.
Después de un par de horas vino un auto que solo podía llevar a dos hasta las salinas ida y vuelta, asique como yo no necesitaba volver desde allá, se fueron los chicos.
En ese momento, cuando se fueron, me sentí rara. Sabía que estaba sola por primera vez, haciendo dedo, sin saber que pasaría en un rato, a dónde llegaría ese día, dónde pasaría la noche, volvería a ver a los chicos?
Todas estas incertidumbres daban vueltas en mi cabeza pero estaba segura de mí misma, sentía que estaba haciendo lo que quería y me sentía fuerte para poder hacerlo.

A la hora, o quizás un poco más, me levanto un camionero que iba a una mina en las Salinas. Fuimos tomando mate y charlando, se bajo en el medio de la montaña para que yo le sacara fotos a las vicuñas, me iba enseñando partes del camino y contándome historias de sus hijos.


Camino a Salinas Grandes, Purmamarca - Jujuy


videito desde el camión


las vicuñas

Cuando llegué a las Salinas, apoye los bolsos en uno de los puestos que tienen las cholitas antes de entrar, y ahí los ví a los pibes que estaban por sacarse una foto. Fui corriendo y salimos los tres :)



Otra vez nos despedimos, agarré mis cosas y partí hacia la ruta. Ya eran como las 6 de la tarde e iba a anochecer, entonces hablé con el capataz de la parada de camiones que había frente a las Salinas, para que me dejaran pasar la noche ahí si se venía la noche y no conseguía alguien que me lleve.
Al rato, pasó un señor en un auto que me llevo hasta Susques. Ya eran las 8 de la noche y Susques es un pueblo desolado, un tanto hostil, en el medio de la montaña, hace muchísimo frío y la gente es un poco cerrrada.
Fui preguntando por las casas y negocios si podrían dejarme pasar la noche en algún lado. Algunos desconfiaban, otros no sabían que contestar, los policías tiraban mala onda, como en todos lados; hasta que David, el dueño de una despensa, me abrió las puertas de su casa. Me dió una pieza, con una cama (hacía 15 días que no dormía en una), tv y una cocina para poder cocinarme algo. Además estaba la mujer, que estaba cansada de que su marido estuviera todo el día ebrio.
Me cocine un arroz, que por la altura y el poco gas, tardó una hora y media en cocinarse, y a las 11 de la noche ya estaba durmiendo.
El jueves me levanté muerta de frío, hacían algo así como 5 grados bajo cero. Preparé el agua para el mate y tipo 9 am estaba en la ruta. En seguida me levantó un brasilero que llevaba un bus de exportación hasta Perú, pasando primero por San Pedro de Atacama.
Fue un largo viaje. En Paso de Jama (frontera entre Argentina y Chile) a mas de 5000 mts de altura tardamos como 2 horas en hacer los papeles y controlar el vehículo, y luego, bajando hacia San Pedro, había que parar a cada rato para que no se sobre calentaran los frenos.
Llegamos a San Pedro a eso de las 17hs. Me bajé y fui a la plaza. Pasé por una casa de cambio. Solamente tenía $150 argentinos, y que con respecto al cambio de moneda en Chile, solo me alcanzaba para pasar la noche o cenar.
En ese momento pensé en irme. No sabía qué hacer sin plata, no entendía por qué estaba ahí. Fui de nuevo a la parada de camiones a ver si alguno salía para el lado de Bolivia, pero todos salían a la mañana siguiente.
Fui preguntando por las casas si podía quedarme a pasar la noche en algún lado, pero la gente es un poco cerrada o tiene miedo. Nadie me daba una mano. Nunca había estado en otro país sola y se sentía raro, desolado, con ganas de estar en otro lado, así que me fui a la plaza sin respuestas. No sabía qué hacer.
Ahí en la plaza, conocí a Willy, un chileno de Santiago que toca el Hand Drum y me ofreció poner la carpa en el río con él y Andres, y hacia allá fuimos.
Armé la carpa y charlamos. Me dijo que tocando podía laburar bien, entonces, pensé que quizás no era todo tan grave.
Salí con el saxo y toqué en un bar frente a la plaza. Pasé la gorra y fui corriendo a buscar a Willy a preguntarle a cuánta plata equivalía lo que había juntado, y me había ido tan bien, que fue en ese momento que descubrí cuál era el sentido de estar ahí: Juntar plata para ir a Bolivia.

Seguí durante la noche tocando en bares, me dieron de comer, hice amigos y amigas con los que fuimos a la plaza a la noche a tocar el ukelele, cantar y tomar cerveza escondidos de los pacos (policias) que son terribles.
Como a las 3 de la mañana nos fuimos Andres, Willy y yo para las carpas. Hicimos un fueguito, tomamos mate y nos fuimos a dormir.
Esos días en San Pedro, aprendí que a veces uno llega a un lugar nuevo y se siente un poco perdido, pero no hay que dejarse llevar por malas impresiones, o ahogarse en un vaso con agua. Al fin y al cabo, San Pedro dejó una huella bien grande en mi corazón y no esperaba que me gustase tanto estar ahí. Adaptarse a un lugar, lleva algunos días, y lo más bello de esto, es que cuando comenzas a ser parte del lugar, de la gente y sus costumbres, es cuando realmente conoces un lugar: donde te sentiste parte.

Las callecitas de San Pedro tienen ese qué se yo...